Científicos desconcertados ante aparición de una forma de vida en un hábitat imposible

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El 10 de octubre del 2011, una enorme erupción volcánica submarina transformó el fondo marino en las costas de El Hierro, la más meridional de las Islas Canarias.

Aquel enclave ígneo, que alcanzaba varios kilómetros de superficie y que es conocido por liquidar todas las formas de vida a su alrededor, sorprendió a los científicos con un increíble hallazgo.


 

Se trata de una forma de vida jamás vista, bautizada como Cabello de Venus por ser una exuberante alfombra de pelo largo y blanco adherida a unas rocas volcánicas que alcanzaban el tamaño de ocho canchas de tenis.  

El extraño filamento fue extraido en 2014 por científicos de la Universidad Politécnica de Marche, Italia, y llamado así en honor a la diosa romana del amor, Venus, que nació de la espuma de mar y se casó con el dios del fuego, Vulcano, según explicó The Atlantic.

Cinzia Corinaldesi, líder de la investigación, relató entonces que “cuando fue sacado del agua de mar, su aspecto cambió, perdió toda su belleza y plenitud mágica. Como la mayoría de los microbios, se negó a crecer en un laboratorio”.

Sin embargo, la tecnología les permitió descubrir que el Cabello de Venus es una nueva y fascinante especie de bacteria que comenzó a colonizar el volcán tan pronto comenzó a bajar de temperatura.


 

David Kirchman, de la Universidad de Delaware, reflexionó en New Scientist que tal vez “hubo microbios apareciendo tan pronto como esas rocas llegaron a menos de 100 grados Celsius”.

Estos organismos aparentemente salen de la nada, y no todo es como parece, con innumerables microbios que pasan esperando la oportunidad de instalarse y crecer una familia”, añadió.

El científico recordó que “cada gota de agua marina contiene millones de bacterias y que sólo una de ellas es necesaria para colonizar un nuevo hábitat, en teoría”.


 

Para los investigadores, esta nueva especie se pudo haber alimentado de grandes cantidades de sulfuro de hidrógeno.

Sin embargo, hasta ahora solo han conseguido analizar un 82 por ciento de la secuenciación de ADN, desde donde han obtenido algunas indirectas sobre su supervivencia.

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