Crisis vocacional en universitarios Experta plantea cómo detectar y enfrentar esa situación

SANTIAGO.- El caso de Benjamín Martínez, el estudiante de ingeniería comercial que se "extravió" durante tres días, llamó la atención no sólo por la intensa campaña que realizó su familia a través de las redes sociales, sino también por la razón de su desaparición, ya que estaba sumido en una profunda “crisis vocacional”.

Según indicó el teniente Óscar Valdés, de la Sección de Encargo y Búsqueda de Personas de Carabineros, el joven, que ya estaba en cuarto año de ingeniería, no quería seguir en la carrera y no hallaba la forma de decírselo a sus padres. "Él estaba respondiendo a ciertas exigencias familiares, tenía buenas notas, pero no era lo que le llenaba para ejercer el resto de su vida (…) Sentía ansiedad por tener que enfrentar a sus padres, un padre exitoso y una familia exitosa, y decirles que no iba a poder cumplir con sus expectativas", detalló.

El uniformado asegura que el caso de Benjamín no es aislado, sino que el fenómeno de jóvenes que se "evaden" de sus familias –que muchas veces deriva en denuncias de presunta desgracia– ocurre mucho en el país, sobre todo a fin de año, cuando se evidencia la "crisis vocacional o mal rendimiento académico".


Según afirma, en base a su experiencia en este tipo de casos, "la presión que están teniendo hoy día los jóvenes respecto del tema vocacional, de que tienen que ser exitosos y ganar dinero, en algunos casos no son capaces de canalizarla de buena forma, de explicarle a sus familias lo que les está pasando, y se cae en estos fenómenos de evasión, en que los jóvenes se enajenan de su familia y se van de sus casas".

Afirma que si bien muchas de estas denuncias suelen resolverse de forma positiva, sí hay casos que tienen consecuencias más graves, e incluso pueden derivar en un suicidio.

Esto hace plantearse la pregunta de cómo se debe afrontar la situación cuando un joven que ya está cursando una carrera se enfrenta a una crisis vocacional.

La vice decana de la Facultad de Educación de la U. Católica, Pilar Cox, quien es experta en el tema, afirma que tener una crisis vocacional tras ingresar a la educación superior “no es algo excepcional, sino que se puede esperar en un porcentaje importante de los jóvenes”. De hecho, entre el 30% y el 40% se cambia de carrera durante el primer año.

Sin embargo, afirma que hay algunas situaciones en que enfrentar el tema se vuelve más complejo para los jóvenes frente a sus padres. Por ejemplo, cuando tienen buen rendimiento académico; cuando estudian una carrera que se considera exitosa o de prestigio; cuando están en los últimos años de la carrera; o cuando los jóvenes son los primeros de su familia en entrar a la universidad.

"Ahí los jóvenes sienten que hay un peso gigante de todo su entorno, muchas expectativas puestas sobre ellos, que tienen contentos a los papás, a los amigos. Y cuando empiezan a tener dudas, les da mucho susto manifestarla en su entorno, porque sienten que están traicionando a todos", señala la experta, quien indica que “en esos contextos es más frecuente que los jóvenes no se atreven a plantear las dudas” y se vuelquen hacia adentro.

Que no sea un "tema tabú"


Cox afirma que los padres deben estar atentos a algunas señales que entregan los hijos cuando están en esa situación, como que "faltan a clases, no tienen tantas ganas de ir a la universidad, no tiene redes en la universidad y cuentan poco de su carrera".

Aunque también hay muchos casos en que no dan señales y, como la universidad es un espacio al que los padres en general tienen poco acceso, recomienda a todos quienes tengan hijos en la educación superior, aunque aparentemente no vean el problema, que intenten "abrir el tema" con ellos, a través de una conversación "más suelta".

"Es bueno que las familias lo conversen siempre como una posibilidad, decir ¿estás contento en tu carrera, cómo te imaginas trabajando en esto, qué otras cosas te gustan, has tenido dudas?’. Solamente abrir esas conversaciones permite generar un espacio acogedor para que, si en algún momento surge la duda, el joven sepa que va a poder comentarlo, en vez de retraerse. Validar que eso puede pasar previene muchas de estas situaciones que llegan al extremo", afirma la experta, quien subraya que la solución pasa por hacer que "no sea un tema tabú ni trágico, sino conversable, discutible y manejable".

En ese sentido, agrega que "cuando se generan estas crisis es porque los jóvenes lo viven hacia adentro, como una tremenda falla de ellos, cuando es algo que, si lo conversamos y buscando caminos, lo más probable es que encontremos una variedad de soluciones".

En la misma línea, el teniente Valdés, quien ha visto varios casos de este tipo, señala que "los canales de comunicación siempre tienen que estar abiertos en la familia, y si los jóvenes no se sienten agradados en la carrera o en alguna situación tienen que manifestarlo a sus padres". Apunta que en el caso de Benjamín "los padres decían que lo veían ir a la universidad feliz, pero por sintonizar con la expectativa de ellos, él aparentaba que estaba agradado y se lo dejó para adentro. Fue llenando esta olla a presión y no supo cómo abrirla".

¿Cambiarse o no de carrera?


En cuanto a qué medidas concretas se deben adoptar si el estudiante enfrenta una crisis vocacional ya cursando una carrera universitaria, la experta señala que esto se debe definir "caso a caso", aunque es importante buscar siempre orientación y alternativas.

A modo general, indica que cuando el alumno "está totalmente claro y decidido que no es su carrera, realmente vale la pena el cambio", independiente del año en que esté, y afirma que postergarlo sólo implica "gastar más tiempo, plata y energía en el camino equivocado". Comenta que ha visto casos en que "después los papás dicen que fue la mejor decisión haberlo dejado que se cambiara, porque en su nueva carrera floreció y realmente encontró lo que le daba sentido".

Dice que puede haber casos excepcionales en que, si al alumno le queda un año o un semestre y le está yendo bien, "vale la pena que termine y después lo conecte con un postgrado" que sea más afín a sus intereses; o que si estudia con beca o tiene dificultades económicas, también puede ser aconsejable que egrese y trabaje un par de años para poder juntar dinero y luego estudiar lo que le interesa. Aunque remarca que siempre el joven "tiene que ser parte y no víctima de la decisión". De lo contrario, es "violentar su proyecto de vida".

También apunta que hay “medidas intermedias” que se pueden adoptar antes de retirarse o cambiarse de carrera, como por ejemplo congelar por un año o un semestre, y en ese tiempo buscar ayuda para definir qué camino seguir.


Sin embargo, advierte que también hay crisis vocacionales que tienen que ver no sólo con la carrera, sino con otros factores, y ahí se debe buscar otro tipo de ayuda. "Alguien que se está cambiando por tercera o cuarta vez de carrera puede ser que esté asociado a algo que no está bien resuelto y tiene que trabajar eso antes que cualquier decisión", señala.

Por eso recomienda a los padres siempre "escuchar y mirar muy bien en qué momento de la decisión está el joven y, cuando ya hay una claridad de que ése no es el camino, apoyar el cambio".

Finalmente, a los propios jóvenes, les recomienda averiguar las opciones que existen dentro de la propia universidad, ya que normalmente hay posibilidad de convalidar los ramos o hay oficinas de orientación. Por ejemplo, en la U. Católica existe el "cambio por vocación", donde durante el primer año los alumnos pueden cambiarse de carrera de forma fluida.

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