El Chile que proyectan la franja televisiva y los debates


Un amigo extranjero, de visita en Santiago después de varios años, me decía que le era imposible entender lo que está pasando en Chile. Haciendo zapping en la televisión abierta, se encontró con un breve espacio publicitario de 15 minutos en que –según él- se habla de un país sin conducción política, lleno de problema y casi en ruinas. No le calzó con lo que había visto unas horas antes cuando recorría un moderno mall cargando una maleta llena de productos de tecnología y vestuario. Tampoco comprendía porque en los diarios, revistas y portales de noticias viene entrevistado un mismo candidato al menos unas tres o cuatro veces en una semana. Menos aún porque existe una lucha descarnada, llena de descalificaciones y ataques mutuos entre los candidatos que son de una misma coalición.

Bueno, le expliqué, hay una razón bastante simple y obvia: por primera vez, estamos frente a una elección –aunque sean primarias- en que sólo participan opositores. Entonces, sin el enemigo al frente, el camino que les queda es criticar lo hecho por el que está ausente -total ni siquiera hay riesgo que alguien les responda-  y buscar formas de diferenciarse con sus pares para tratar de capturar el voto de esos ciudadanos esquivos, desganados, molestos y desconfiados de la clase política e indiferentes del proceso de primarias. Después de todo, el año pasado, en las elecciones municipales –en que estaban en juego aspectos que tocan en lo cotidiano a las personas como la salud, educación, recreación, recolección de basura, áreas verdes, etc.- apenas votó el 34.7% de los ciudadanos.

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